Escucho cómo gira la llave en la cerradura, el suave quejido de la
puerta al abrir y cerrar, y luego de colgar su abrigo y bufanda en el perchero,
lo veo sentarse en su sillón preferido,
a mi lado.
Sus rasgos severos que yo tanto amo, se distienden y por fin, su mirada
caramelo, se posa en mí.
Siento un cálido cosquilleo de regocijo cuando él estira sus manos, me
alcanza y sus dedos me recorren lujuriosos, dispuestos al placer.
Me acerca a él despacio, prolongando el momento del encuentro. Yo aguardo ansiosa desesperando por rozar sus
labios.
Con la calma del experto enardecido me enciende y ardo y me consumo y
mi cuerpo se acalora acechando su boca.
Él espera y yo desespero. Cuando el deseo nos consume, me eleva hasta
él y… con fruición aspira.
Y el humo azul de esta pipa enamorada, danza en éxtasis por la
habitación.