sábado, 24 de julio de 2010

Cuento del futuro

Una brisa con voz futurista se deja caer en nuestro presente


- Abuela, repetí otra vez ese cuento de cómo vivías cuando eras joven.

- ¡Qué buenos tiempos! Mi transporte me llevaba flotando en el aire fresco de abril del 2050. Recuerdo haber visto desde mi Burbuja Aerodinámica la ciudad de Tureña pendiendo entre dos precipicios  sostenida sobre una plataforma invisible de cuarzo traslúcido.
Aquella realidad que te parece cuento, hoy veinte años después se perdió. Habíamos alcanzado tal nivel de progreso que los sueños más surrealistas eran posibles a través de la ciencia y la tecnología.
Se podía conocer la cordillera de los Andes por dentro a través de trenes transparentes y silenciosos que  surcaban el interminable túnel con estaciones que semejaban mcicro-ciudades luminiscentes, atestadas de personas y lugares atentos a satisfacer los más caros caprichos.
La música y el color eran paradisíacos y los jardines artificiales superaban la belleza primigenia de la madre naturaleza.
De la misma manera se podía explorar el fondo del mar y disfrutar de la vista exquisita de sus abundantes variedades de flora y fauna, a través de esos submarinos traslúcidos que unían  estaciones sub-acuáticas dignas de imaginaciones privilegiadas con atracciones que variaban desde paseos en tiburones amaestrados hasta danzas con angelicales sirenas de carne humana y cola de pescado.
Mas, cada vez teníamos más diversión, mejores entretenimientos, más magia y magnificencia y a la vez, la malicia, el maltrato, el maquiavelismo y la muerte merodeaban a una multitud morbosa y minada.
Por ello, sucedió aquel terremoto devastador del 2060 que sacudió al mundo en una sucesiva cadena de derrumbes, hundimientos, aludes e inundaciones. Y como un castillo de naipes, el progreso  alcanzado desapareció y yo, que hoy tengo 80 años y fui una sobreviviente testigo del apabullante progreso, no puedo creer que, como en un movimiento pendular de la vida, pasemos del mini-móvil Burbuja aérea, a ser transportada en este carro tirado por estos escuálidos caballos.

5 comentarios:

Ana María dijo...

Parece que todo termina y sin embargo se renueva. El tiempo da otra oportunidad. Muy bueno el cuento, que permite recordar que siempre hay una esperanza... un empezar de nuevo. Cariños.

Primavera en Otoño dijo...

Cuán cierto aquello de que no pasa el tiempo sino que somos nosotros los que pasamos poe el tiempo...
Avances en tecnología, nuevos progresos, fenomenos naturales...y el hombre que lamentablemente, en muchos aspectos sigue retrocediendo...
Interesante y entretenido tu cuento.

Un abrazo a tu alma. Otoño.

Rolando dijo...

Parece que el hombre sueña con un cataclismo masivo que destruya lo viejo, lo perjudicial y lo pervertido para dar lugar al paraíso prometido. Algo de eso resuena en tu cuento que parece seguir la línea temática del mito del arca de Noé, del Armagedón, de las profecías del 2012...
Tu cuento está cargado de palabras "traslúcidas": burbujas, plataformas invisibles, cuarzo traslúcido, trenes transparentes, submarinos traslúcidos... Tal vez sea un volar inconsciente hacia un futuro más etéreo...

Gloria dijo...

Ana, siempre tuve la idea del tiempo cíclico, por ello hay un volver a empezar.
Gracias por tu comentario.
Un abrazo.

Primavera,creo que los seres humanos olvidamos muy fácil nuestra espiritualidad, por eso quizás, el avance es falso.
Gracias por tu comentario.
Abrazos.

Rolando, como me sucede con tus análisis tan sabios, no había detectado esto de "palabras traslúcidas" y reconozco que me encantaría visualizar un futuro menos denso.
Gracias por tus comentarios.
Abrazos.

omar dijo...

ja ja. qué bonito. me gustó eso de volver a los caballos.