martes, 2 de febrero de 2010

Supervivencia



El presagio de una niebla densa y  burbujeante apagó una de mis agónicas sonrisas y me oscureció el pensamiento. En ella, las sombras se elastizaban onduladas como espectros que me llevaron a presentir un peligro inminente.
   Temeroso miré a mi alrededor y fui consciente de que caminaba entre la amenaza brumosa hacia un palacio victoriano de torres poderosas que aparecían y se desdibujaban en el vaivén de las olas lechosas. Avanzaba por inercia  en medio de la nada, en una ausencia de sonidos, de objetos, de rostros, con el estómago contraído esperando salir de ese laberinto pegajoso cuando un roce sobre mi pierna derecha me obligó a saltar y esquivar algo que al recobrar la calma descubrí que era un perro flaco y desvalido buscando protección.
   Animado por la inesperada compañía armé mis escasas defensas de supervivencia y avancé lentamente pensando en esas torres fantasmales como posible refugio. Sentía frío, la humedad aplastaba mi pelo, mis ropas y hasta al mismo miedo contra la piel erizada.
   Seguí  avanzando como una sombra oculta entre vapores insolentes y viscosos, perseguido por una inquietud extraña, desconectado del tiempo, con el instinto  de supervivencia  muy alerta.
  Cómo llegué aquí y por qué  eran incógnitas que hoy descubro y  no me planteaba en ese momento.  Sin embargo, no podía dejar de pensar en el fascinante ámbar de la rosa y ese jugo...
    Y así  seguí como sonámbulo hasta que tropecé con un borde o algo así y trastabillé, más por  la debilidad de las piernas que por el obstáculo y caí.
   A mi lado escuché que  ¿Se siente bien? ¡Una voz indeciblemente hermosa! Al menos eso me pareció presa de mi delirio. ¡Sií! respondí ¿Y usted? No se preocupe comentó Estoy acostumbrada.
   Parecía exhalar un polvo dorado en torno a su figura. O era efecto de mi alegría ante la compañía con voz de ángel.
No sé de dónde vino esta niebla expliqué; estaba yo en el parquecito admirando una rosa amarilla cuando. . . sus pétalos. . . no sé. . . expulsaron un líquido. . . que. . .  parecía sangre. Si pudiera Ud. ver mis manos, ellas lo atestiguan enfaticé tratando de parecer creíble  ante lo irreal del hecho.
   No podemos seguir aquí me dijo y aferrándome la muñeca con fuerza, me ayudó a incorporarme y la seguí entre las sombras cada vez más densas que no le impedían caminar presurosa y decidida, sin duda a un destino seguro. Cuando recobré el aliento me vi rodeado de paredes grises, desnudas. “El palacio”. . .  pensé, “y sin embargo no recuerdo haber visto  antes esta edificación en mis caminatas por los alrededores”
   Por fin en el centro del salón apareció una alfombra persa. Allí mi guía ofreció: te traeré una taza de té para que te recuperes. Agradecido seguí con interés los movimientos de su joven y grácil figura envuelta en una sedosa túnica ambarina.
  ¿Podrías ayudarme a entender?. . .  estoy tan confundido, la rosa ámbar. . . la niebla intempestiva, este palacio. . .
   No te esfuerces, no entenderías. Es el efecto de la sangre. Seguramente alguna espina te hirió y ambas se mezclaron.
  ¿Cóoomo?
   Esta es mi morada, no temas, estás a salvo, soy la esencia de la rosa, su mónada. Continúa bebiendo esta infusión. Luego te sentirás mejor. La rosa que viste tiene el poder de alterar el estado normal de quienes se acercan, y especialmente de aquéllos que  hiere con sus espinas.  Mis ojos se desorbitaban, no podía encontrar una comprensión lógica a lo que escuchaba y la joven al darse cuenta dijo: Ya sé, no puedes dar crédito a mi explicación, sin embargo deberías aceptar que hay otras realidades, otras dimensiones...
En ese momento no sabía si estaba mejor entre la bruma o entre esas paredes rústicas. No quería preguntar más, ni saber, ni pensar, ni imaginar...  En ese instante algo insólito atrajo mi atención: ¡SUS MANOS! ¡No son manos, ni más ni menos, son…¡PÉTALOS! Pétalos perfectos, perversos, peligrosos! Por eso no asió mi mano al incorporarme de mi caída.
Me sentía tan confundido. No sabía si estaba viviendo una pesadilla o si sufría los efectos de algún alucinógeno. En ese torbellino interno me debatía cuando al tomar un sorbo de aquel brebaje, ella se ahogó. Tosía y tosía buscando alivio para su asfixia.
Rápidamente hice una evaluación de mis posibilidades de escapar. Me levanté y retrocedí mientras ella, la joven y grácil figura, se contorsionaba y gesticulaba en demanda de auxilio.
¡Ahora o nunca! Decidí y corrí seguido por mi pobre y asustado compañero. ¿bruma? No sé. ¿Puertas? No sé. ¿Rosas? No sé. ¿Sangre? No sé. Sólo sé que paré cuando sentí la tibieza del sol en mi cara.

- . . . Y aquí estoy como al principio de mi paseo: el parque, los árboles, las farolas, estos bancos rústicos donde Ud. y yo estamos sentados disfrutando del último retazo de la tarde. Lo único que puedo ofrecerle como prueba de este relato es  este perro que descansa a mis pies, prueba poco creíble pues no habla y…¡¡¡Caramba!!! ¡Sus manos… parecen… PÉTALOS???. ¡¡¡¡¡Corramos, que la pesadilla aún no termina!!!!!

8 comentarios:

Celia dijo...

Hola Gloria.
Un extenso relato, como siempre, muy bien escrito.
Y la rosa amarilla...¿sabes que son mis flores favoritas?
Un abrazo.

estoy_viva dijo...

Fantastico relato, que gran imaginacion y por supuesto que bien narrado.
con cariño
Mari

Gloria dijo...

Querida Celia:
...Y esa rosa amarilla es más preciada aún porque es de mi jardín y con mucho cariño te la dedico.
Abrazos.

Gloria dijo...

Querida Mari:
Tu visita deja el regalo amistoso de tus palabras.
Un abrazo.

el poeta mistico dijo...

LA LECCIÓN DEL OTOÑO

En esta mañana linda de otoño,
veo la hojarasca que se junta dorada
caen las hojas caducas
que hoy ya no sirven

Del mismo modo caen las adicciones
los prejuicios y todos las ideas limitantes
que hoy ya no nos sirven.

El árbol queda vacío
para dejar pasar la luz
brillante del sol

Nuestro interior queda vacío
para dejar pasar al Amor.

Todo es perfección
la lección viva
ante nuestros ojos

Solo es cuestión
de estar despiertos
ciento por ciento.

Gloria dijo...

Poeta místico: Gracias por regalarme esta "Lección de otoño" que me ayuda a acercarme a la Luz.
Un saludo.

Ana María dijo...

Una historia llena de magia que aviva los sentidos y mueve el espíritu.
Y el protagonismo de la rosa aporta un especial encanto ambarino. ¡Bravo!

Gloria dijo...

El caminar por la cornisa entre lo real y lo irreal es un juego lleno de magia.
Gracias
Y un abrazo.